Tiquismiquis
      , artículo del miembro de la RED VASCA ROJA, Xabier de Antoñana publicado en Deia del 4 de julio de 2001, en el que premonitoriamente se oponía a la escisión de ARALAR que ese día se consumaría.


      Tiquismiquis

      Xabier de Antoñana

      La mejor palabra es la que está por decir y en boca cerrada no entran moscas, consejos maternos grabados a fuego en la mollera durante la niñez y dejan un paso gordo de timidez, que no inseguridad. La conducta se ata a la infancia con ramales de esparto.

      Por esa razón, en las asambleas te hurga el tizón de callar, no crear polémicas insulsas o tan eficaces que logren cambiar el rumbo de las conclusiones. Pero no. La palabra, el pensamiento de un individuo, por ser él solo, por estar él solo, no puede desviar el caudal y la opinión mayoritaria, recogida pueblo a pueblo, rebosa el cauce. Me lo repetía con frecuencia don Manuel de Irujo: «Paso de buey y sin aspavientos».

      Por esa razón, al nacer «Batasuna», con impulsos frescos y en el lugar idóneo, Iruñea, me negué a abrir la boca. Para orientar y organizar ya están los dirigentes y los colegas más avezados del cotarro. Y te niegas, que si cada cual orea su pensar, la disciplina asamblearia, tan frágil, puede zozobrar. Y no, «ya hablaré por escrito, si el director aprecia mis quejidos en el desierto bardenero, el tiropichón yanki», que las palabras se las lleva el viento.

      Pensé en decir que me comía la nostalgia. Tras 23 años ya desde su fundación, te corroe el resquemor de que algo fenece, lo mejor de la lucha que me tocó vivir y padecer. Esa fruta madura, toda ideología sufre crisis y despeja horizontes que ayuden a aglutinar conciencias, no sólo voluntades, y remontar con ímpetu el monte por Euskal Herria entera.

      Pero uno siente pavor al vocablo «escisión». Las diferencias de concepto, vía o método que puedan surgir en el seno de la militancia deben encararse ahí, en la asamblea, y contrastarlas, participando de lleno en la cultura dialéctica de los debates asamblearios. Lo chocante es que, si alguien tiene ideas discrepantes que exponer, ¡y siempre las hay!, no las defienda sin embozo ante los militantes y sólo ante ellos. Las intervenciones, atinadas, brillantes, que se produjeron nunca son suficientes, se precisan más aportaciones.

      Allí faltaba gente, los grandes líderes de la primera hora, ¡sillares veteranos de una lista ejemplar, dónde andáis!, y echas muy de menos a quienes yacen en la huesera, en prisión, el exilio o el ostracismo. No se oyeron las corrientes críticas internas de opinión, faltaban observadores de ideologías cercanas con sabor independentista o de soberanía, ¡por qué no!. Euskal Herria nos exige el trabajo tenaz de los sectores sociales que tal día se unieron con ilusión a EH. Eso faltó. Faltó más amplitud de miras, sin confundirlo con regresión ni revisionismo. La nueva «Mesa» es joven, reposada y audaz, lo cual enorgullece, y quiere hacer política, abrir las lucernas, crear un escenario que apasione y no zirikear al Gobierno Ibarretxe. Todos deseamos ir del brazo con todos los compañeros ideológicos en este caminar que nos acerque a las lindes de la realidad liberadora. Soltemos amarras todos, que el barco se adentre sin reparos en la mar de la busca fraternal sin sumisiones a nadie, cediendo todas y todos con ganas, sin tiquismiquis, hasta lograr un «alto el fuego» indefinido sin desgastar los vocablos «paz» ni «violencia» ni escabullir las raíces de la herida secular, el conflicto político que I. Anasagasti y B. Lasagabaster, ¡así, con desgarro lúcido!, le recuerdan, desazonados, a Aznar en la tribuna, mientras éste seguía entorcado, sin garbo ni gracia, en repetir, canso, el palabro «terrorismo», presidente sordo y mudo a ningún dialogar ni negociar, cortico de entendederas, un torpedo a la inteligencia y la pacificación.

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